2017 un año de cambios

El 2017 comenzaba cargado de novedades, acabábamos de ser padres como aquel que dice, tenía en mente poder coger la reducción de jornada para estar más tiempo con el peque y que amatxo pudiera dedicarle tiempo al trabajo por las tardes ya que por las mañanas resultaba bastante complicado y todo eso sumado a una dura adaptación paterno filial.

A medida que pasaban los meses, todo se iba viendo más claro sobre el papel, la jornada reducida estaba solicitada (no sin antes haberla tenido que batallar con amenazas y lucharla a pesar de ser un derecho que corresponde a todo trabajador) el enano y yo seguíamos en nuestro periodo de: acéptalo, yo soy tu padre. El lado oscuro está muy presente en él.

El trabajo tampoco hacía fácil la adaptación, siempre pendiente del teléfono, largas jornadas, pero contábamos que llegado el momento todo eso cambiaría. Llegados al mes de marzo, dio entrada el nuevo horario laboral, dábamos por abierto un nuevo periodo para todos en casa: podría pasar más tiempo con el peque e intentar que mami trabajara o descansara más.

¡Qué bonitas son las ideas cuando las piensas en tu cabeza y que difícil cuando has de llevarlas a la práctica! Pero aquí estábamos los tres dispuestos a poder con todo. La nueva jornada no resultó como parecía, un empleo que no está pensado para adaptarse a estas situaciones y fue más complicado de lo que imaginábamos.

Pasado el verano, comenzamos a hablar para hacer cambios en casa, cambiar de rumbo en lo laboral, buscar nuevas oportunidades que aportaran más tranquilidad e incluso cambiar todos de residencia para estar más cerca de la familia. Nos marcamos un fecha que luego hemos ido moviendo con el paso de los meses y es que el enano comenzó la guardería y eso aportó nuevos cambios y adaptaciones.

Algo que también nos hacía plantearnos el rumbo escogido, son las grandes personas que forman parte de nuestra vida, que son más que amigos. Así que decidimos posponer algunas opciones un tiempo y llegados al último mes del año, lo vimos todo más claro, tenía que cambiar de rumbo laboralmente.

El pequeñajo y yo estábamos más afianzados en nuestra relación de Darth Vader y Luke. Todo parecía tomar forma, solo faltaba dar el paso y llegar a un acuerdo con la empresa para finalizar el año y poner fin a siete años de amor-odio laboral para dar paso a un nuevo proyecto que esperemos sea el definitivo y donde colaboraremos amatxo eta aitatxo.

Adios 2017, hola 2018. Año nuevo, proyectos nuevos.

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